martes, 10 de enero de 2012

Te echaré de menos.

Día 9 de enero de 2012.
Fue el día en el que tu alma decidió que ya era la hora de partir, de que ese debía ser el momento en que tu alma saliese de tu cuerpo y se separase, dejando en ti una parte inmóvil y otra muy pero que muy viva.

Ese día fue algo raro, algo en mí me dijo que no era un día como todos los demás, que algo iba o había pasado; Esa noche me costó muchísimo dormirme, al día siguiente volvían a empezar las clases y no se si estaba algo nerviosa pero no podía dormir así que decidí coger mi ipod y ponerme a escuchar música, mi cuerpo se revolucionó y mientras estaba metida en la cama me puse a cantar en mi cabeza y a simular como si estuviese en un concierto, o como si estuviese bailando...pero la última canción que decidí escuchar era algo lenta, algo melancólica que me recordaba a ti,  al lugar donde te encontrabas, y a la duda de si aquel día hubiera sido el último día en el que te había podido dar un beso y despedirme de ti, o si tal vez podría haber otro u otros; esa noche mi móvil se quedó encendido por si mamá, que estaba contigo en el hospital, llamaba porque había pasado algo, mi móvil no sonó, yo me quedé dormida y hasta "el día siguiente", o más bien, hasta la mañana. 
Papá me llamó, recuerdo estar soñando algo extraño, algo como una especie de pesadilla o algo así; me desperté y papá me dijo que había dejado el vaso de  colacao listo, yo le dije: -¿qué? , porque aún estaba dormida y no me enteraba bien de lo que me decía, el me lo volvió a decir. Bajé a la cocina me tomé el vaso entero, subí comencé a vestirme, y me fijé que el pijama de mamá estaba puesto en el radiador, pensé que había sido del día anterior; después de coger mi ipod y mi móvil -cosa que nunca hago, nunca me llevo a clase ninguno de los dos aparatos- me dispuse a montarme en el coche cogiendo uno de los cascos e introduciéndolo en el odio izquierdo; salimos a la calle con un frío bestial (-3ºC, después -4ºC), y de repente me fijé que había una luna espectacular, era luna llena, enorme, con una preciosa imagen de las cuatro torres de la Castellana, en Madrid, no podía parar de observar esa imagen de la luna sobre Madrid mientras a la par escuchaba a Coldplay (Lost); finalmente llegamos al colegio... fue un día especialmente raro, me encontraba mal con la tripa y el dolor iba aumentando a medida que el tiempo pasaba, me sentía mal por el dolor de tripa, y por el dolor que mi corazón sentía, en ese momento no entendía el porqué, y mi alma quería desahogarse, yo tenía ganas de llorar, me empecé a marear, salí al pasillo y tomé aire, y finalmente alguna lágrima cayó de mis ojos, pero no era suficiente; al acabar la clase le pedí a la profesora que llamara a mi padre, porque necesitaba irme a casa, salir de allí, estar con mi familia, con mi abuelo; me dirigí a mi aula, pero algo seguía sin marchar bien, mi tutora me preguntó que cómo me encontraba, y yo la contesté que mal, ella me dijo que ya había llamado a mi padre pero que le saltaba el buzón de voz, en ese momento sentí que algo no iba bien, me sentí culpable por molestar a mi padre mientras mi madre "estaba en el hospital", así que en ese momento fue en el que mi cuerpo reaccionó y comencé a llorar con muchísimas ganas y con más fuerza de la normal, no podía parar, no me sentía bien, me fui al baño y probé a llamar a mi padre yo misma, y sí, seguí saltando el buzón de voz; volví a la clase de CMC, y en un momento determinado el profesor saltó con las palabras "cáncer de pulmón", entonces mis ojos cogieron fuerza otra vez, y volvieron a soltar alguna que otra lágrima; se acabó la clase y fuimos a E.física, le pedí a la profesora que si podía quedarme sentada porque no me encontraba bien, y me dijo que sí, que ya se me veía; entré en el vestuario y volví a llamar a mi padre con la sorpresa de que ya estaba en "recepción", a si que salí y por fin me iba a ir "a casa", me daba igual no ir a casa, pero quería estar con mi familia, y vaya que si iba a estar...

Me monté en el coche y mi pare dijo: -voy a llamar a Rafa (mi vecino) para ver si te quedas con él porque el abuelo se ha muerto; en ese momento mi corazón sintió algo raro, como que si eso no estuviese pasando, pero a la vez como si me lo hubiese estado avisando durante todo el día. Yo decidí acudir al tanatorio, quería ver a mi madre, a mi abuela, a toda mi familia, y sobre todo a ti, abuelo. Durante todo el trayecto no pude abrir la boca para decir algo, no tenía fuerzas. Llegamos al tanatorio y al entrar a la sala vi a mi tía, a mi abuela, y en un ladito estaba mi madre, a quien, inmediatamente, fui a abrazarla y a besarla con todas mis fuerzas, a la vez que llegó mi abuela a abrazarme también; mientras, mi corazón se sentía con ganas de pedir perdón porque me hubiese gustado despedirme de ti en vida, que al darte un beso pudiese tu cuerpo sentirlo; al darle un beso a mamá vi aquel ataúd solamente por los pies porque mi mente aún no se sentía preparada para verte de cuerpo entero, mi corazón dio un vuelco al ver que estabas metido en una caja de madera, detrás de un cristal acompañado de unas hermosas flores en las cuales ponía : de tu esposa, hijos y nietos; mi tía también acudió a darme un beso; me resulta duro ver como mi familia llora, o nos quedamos mirando a un punto fijo con la mirada perdida, intentando reaccionar a lo que, finalmente y por desgracia, había pasado. Bajé a la cafetería a ver a mis primos y a mi hermano, con quien no pude evitar llorar desahogadamente al abrazarle. Volvimos a subir a aquella sala en la que no paraba de entrar y salir gente conocida, y no conocida; yo seguía mirando a los pies de aquella "caja" esperando a que mi cuerpo decidiese levantarse y situarse en frente de aquel cristal; finalmente lo hice, me senté en el sofá, levanté la cabeza y te vi, vi a esa maravillosa persona, al abuelo más bueno, cariñoso, divertido, al más fuerte y trabajador de todos, pero esta vez ya no estabas con esa máscara que tanto te empeñabas en quitarte, estaba vez ya no te hacía falta, porque ya no es que te costase respirar, es que ya no respirabas; yo me quedaba mirando esa sábana blanca que tapaba tu cuerpo, a ver si se movía, mis ojos estaban esperando ver que abrías los ojos, que la sábana blanca se moviese porque volvías a respirar...pero no, tu cuerpo estaba postrado allí, y lo único que puede moverse es tu alma, esa que sé que estará con todos nosotros para siempre; a parte de quedarme mirando a la sábana, me fijé en tu carita, la más bonita de todas, en tu pelo, el más suave de todos; las primeras palabras que me dijo mi madre al llegar a esa sala me quedarán marcadas: -" ya no le podrás acariciar el pelo hija", y las de mi abuela: -" ya no está el abuelo". No se me olvidarán las caras y los llantos de la abuela, los problemas que ha tenido mamá, las tardes en el hospital, tus palabras, tus gestos, tus sonrisas, tus ojos, como te gustaba que te acariciase el pelo, y cuando me decías que si algún día me echase novio, que primero te lo presentara a ti, y que tú me decías si era buena persona para mí o no, espero que aunque no estés aquí, el día que me eche novio, te parezca buena persona, y no dudes que le hablaré de ti, le hablaré de la mejor persona del mundo.
Hoy ha sido la última despedida entre nosotros y tú, imagen que se me queda grabada cuando el coche fúnebre contigo dentro, aparece aparca y abren las puertas para poder ver tu última "cama", la última vez que has estado tumbadito; la abuela se ha derrumbado gritando tu nombre, mamá llamándote: -¡papá!... y todas las caras de toda tu familia, quienes poco a poco, nos tendremos que acostumbrar al lugar que has dejado, tu familia quienes te queremos y quienes jamás te olvidaremos. Has dejado un vacío muy grande en nuestros corazones, te has marchado en apenas muy poco tiempo, pero espero que no hayas sufrido demasiado, y que hayas tenido una buena vida, que te vayas con el mejor recuerdo, y que sepas que siempre tendrás a tu familia contigo.
Juan Lozano Medina: te echaremos mucho de menos, siempre vivirás en nuestros corazones y en nuestro recuerdo.
Esposo, padre y abuelo: TE QUEREMOS MUCHÍSIMO.