Caminar por un sendero en un día de lluvia, con los zapatos embarrados y el pelo chorreando, sin ver por dónde caminas, simplemente intuición.
Seguir caminando sin rumbo fijo, sin objetivos claros, sin saber si ese es realmente el camino correcto... ni si quiera sabes dónde tienes que ir.
Porque a pesar de todo el camino parece cómodo; pero, ¿y si hay una piedra y tropiezas? No puedes anticiparte a algo que ni si quiera ves.
Ir pisando charcos, algunos más profundos que otros, y aún así continuar, tal vez por el puro placer que provoca imaginar el final del camino, que te lleva a alguna parte... o quizás a ninguna; tal vez por ser tú mismo quien se empeña en ver algo que en realidad ni si quiera existe; o tal vez por el gusto de andar.
Sigue lloviendo, y yo caminando.
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