jueves, 10 de noviembre de 2011

Almas que se fueron.

Personas, o... no se cómo llamarlo exactamente, ya que para mí no fue una simple mascota, no fue un simple animal de compañía...
Shira, era y sigue siendo el nombre de mi perrita, que se marchó para siempre hace ya unos diez meses, y no me imagino que el tiempo siga corriendo, todavía no me he acostumbrado a su vacío... Para mí era como una hermana, sabía perfectamente cuándo me pasaba algo... ella acudía a mí, después de haberme mirado fijamente a los ojos, y me levantaba los brazos de la cara pidiéndome un abrazo, diciéndome que me quería, que ella estaría ahí siempre... y yo no podía imaginar que un día se fuese, aunque a veces la siento conmigo, porque ella me demostró que jamás me dejaría sola...
Jamás se me olvidará ese momento, al salir del colegio y entrar en el coche:
-Hola mamá
-Hola hija... tengo una mala noticia... (llorando) se ha muerto la perra
-(con el corazón más rápido que nunca) ¿Shira o Nala?
-Shira... Lo siento
A partir de ese momento se me paralizó todo el cuerpo y lo único que funcionaba en mí eran los párpados dejando caer centenares de lágrimas que se deslizaban por mi cara. No podía imaginar el llegar a casa y no verla, gritar su nombre llena de alegría, ver su cara contenta, que sacase su lengua y me diese un lametazo, de tener a mis dos perras, mis dos hermanas, mis dos vidas... en ese momento una parte de mí se fue, y aún mantengo la esperanza de que volveré a verla, porque no te olvidado, ni te olvidaré; ahora cuidaré de tu hija cómo lo hiciste tú con nosotras. 


Shira 14 de octubre de 2001-17 de marzo de 2011

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